Una de Ángeles

Eran exactamente las 20:58 horas, me preparaba para salir a cenar algo cuando recibí una llamada en el móvil. Por el tono del teléfono sabía que era mi hermano, por el tono de su voz al mencionar apenas mi nombre sabía que algo estaba fuera de orden:

—Carlos, me atropellaron.
—¿Cómo estás?, ¿dónde estás?
—Creo que estoy bien, ¿puedes venir?, estoy en el Ángel de la Independencia.
—Claro, salgo para allá, aguanta.

A los pocos minutos, que por cierto ni pude contarlos porque iba más rápido que el tiempo, volví a marcarle para saber su ubicación…

—Migue, ya estoy por llegar, ¿en qué esquina estás?
—Estoy tirado sobre la avenida, al pie del Ángel. Te vas a dar cuenta porque ya están las patrullas.
—Ya las veo, estoy contigo…

Como agente judicial estacioné mi coche junto a las patrullas que estaban a media calle y casi como los Beastie Boys en el video “Sabotage” caminé entre los vehículos, las torretas de luz y la gente para encontrar a mi  hermano, inmóvil, con el semblante entre asustado, inquieto y furioso; justo como me dijo: al pie del ángel, aunque no precisamente el de la Independencia sino el que le asistió en cuanto sucedió el accidente. Gracias Edith y acompañante por la atención, la preocupación, la espera y la buena voluntad.

Ya estando ahí, también con el corazón medio atropellado, me acerqué a mi hermano para saber cómo se encontraba y preguntarle lo que había sucedido. Con un enfado incomodo, con la voz que seguía temblorosa y con el ánimo que literalmente lo tenía por los suelos me empezó a contar mientras llegaba la retrasada ambulancia…

“Me vine caminando desde el despacho para hacer un poco de ejercicio. En cuanto tuve el siga para peatones crucé. Cuando pasé el camellón (justo frente al Ángel de la Independencia) vi que un coche venía de la avenida Florencia, calculo que a unos 50 o 60 Km/h, yo seguí caminando pues tenía el siga y supuse que el auto bajaría la velocidad para detenerse pero no, al contrario, se incorporaba a Reforma directo hacia mi, lo más seguro es que ni siquiera me vio. Todo fue muy rápido, cuando me embistió alcancé a reaccionar con un salto para evitar el impacto, no pude hacer más porque me tenía centrado. El golpe en las piernas me recostó sobre el cofre del coche, mi espalda, hombros y cabeza chocaron contra el parabrisas y hasta entonces fue que el imbécil frenó, el mismo impulso y la inercia me aventaron hacia adelante quedando apenas a unos dos metros del auto…

En cuanto caí dejé de respirar y me espanté, pero pensé que se me había salido el aire y que era cuestión de esperar. Mientras me recuperaba, el chofer se bajó y lo primero que hizo fue reclamar por qué me había pasado el alto, que no fue cierto; sólo porque no podía respirar y porque no me podía parar no lo agarré a madrazos, tenía tanto coraje… Después vi que le compró unos chicles al dulcero callejero que estaba ahí cerca”.

Una vez que Miguel me describió los hechos (comprobando que se encontraba en sus cinco sentidos)  y que por fin llegó la ambulancia, me dirigí a donde estaban los oficiales de tránsito y el conductor detenido:

—¿Es usted el que venía manejando?
—Si. —Contestó con los labios apretados y evitando la mirada con giros de cabeza hacia los lados—
—Mi hermano me dijo que lo alcanzó a ver comprando chicles en pleno accidente y ahora lo veo fumando un segundo cigarro continuo. Es obvio que está tratando de ocultar el repugnante olor a alcohol y el evidente estado de ebriedad que trae.

Si me hubiera dejado llevar por los impulsos y las ganas de hacer justicia por mi propia mano le hubiera hecho cambiar en segundos y en ese mismo instante el asqueroso aliento alcohólico por uno de huevos en la garganta (hasta ganas de ponerlo a chiflar me dieron), pero la verdad es que soy pacífico y odio los golpes primitivos, así que terminé diciéndole:

—Es evidente que está manejando en estado de ebriedad, hay testigos de ello y de cómo sucedió todo. Sin lugar a dudas lleva todas las de perder. Nosotros somos gente de bien y no nos interesa perjudicar, pero le sugiero que a partir de este momento asuma su responsabilidad con ética y con verdad, de lo contrario, se lo carga el payaso y nos encargamos nosotros de que lo haga llorar.

Una vez apuntadas las placas del auto y teniendo todos los datos de identificación del conductor y las autoridades involucradas volví a la ambulancia. No podía hacer mucho pues lo seguían revisando. Enseguida llegó el hermano mayor del conductor, abogado por cierto; él desde que llegó se montó en la versión de que mi hermano se había pasado el alto y que ahora los queríamos perjudicar.

Para no hacer el cuento largo, después de una tediosa discusión acordamos llevar a Miguel a un hospital particular. Ellos se harían cargo de todos los gastos generados para evitarnos así los inconvenientes de ingresarlo a un Hospital de servicio público que ya todos sabemos lo que implica y que es de lo peor (con sus excepciones), además de los procesos legales con el Ministerio Público que también ya sabemos de ellos. Y acepté esta propuesta porque en primera instancia el Paramédico diagnosticó que no había una lesión de gravedad que lamentar pero que era necesario aplicarle diferentes estudios.

Acordado lo anterior y sin pensarlo me subí a la ambulancia con mi hermano para acompañarlo. Casi arrancando tuve que exclamar:

—¡Alto, alto!, no me acordaba que traía el coche y que está a media calle. Voy por él y los sigo. —¡Toing!—

El Hospital al que fuimos estaba muy cerca, así que no tardamos ni 5 minutos en llegar. Metieron a mi hermano de inmediato a Urgencias y lo empezaron a atender médicamente. Mientras tanto afuera daba inicio el segundo round…

Cuando los del Hospital solicitaron al conductor ebrio y a su hermano el depósito por los servicios, además de darles el estimado de gastos (casi los 20 mil pesos), éstos patanes descaradamente se levantaron diciendo que no podían pagar la cantidad, que si quería atenderlo entonces yo me tendría que hacer responsable de cubrir los gastos o que lo lleváramos a un Hospital público. Obviamente la discusión se dio bajo un escenario hostil, de poca ética y de poca madre.

Otra vez, para no hacer el cuento largo…

Cuando los de Seguridad Pública vieron la falta de respeto y de incumplimiento por parte de los guarros, uno de ellos se me acerco y me dijo: “si tienes manera de pagar lo del hospital hazlo tú y deja que la policía se lleve al conductor al Ministerio Público, no sabe lo que le espera y menos con el estado de ebriedad que trae, para empezar estará en calidad de detenido y lo encerrarán mínimo 48 horas; podrá salir pero sólo bajo fianza y tendrá que desembolsar una lana, además por ser un caso de atropellamiento se abrirá por oficio un juicio penal, entonces además de enfrentar lo suyo será obligado a cubrir todo lo que se genere aquí en el Hospital y posteriormente si las lesiones de tu hermano son graves”.

En cuanto supe del respaldo que tenía yo me hice cargo de los gastos. El hermano del conductor todavía tuvo el descaro de ofrecerme ahí, delante de todos pero “bajita la mano”, un fajo de billetes con un monto de 4 mil pesos para que “ahí quedara la cosa y yo me hiciera cargo” dejándolos ir sin compromiso alguno. Reí sarcásticamente casi diciendo: “llamas a mi” y sin dudarlo di la orden y mi autorización para que lo llevaran preso.

Casi al firmar el recibo del pago con la tarjeta de crédito, el mismo conductor ebrio regresó para decirme que él quería pagar los gastos, que su hermano sólo vino a complicar las cosas. Acepté con una mirada fulminante y finalmente firmó la responsiva. Al hacerlo aceptó formal y legalmente la culpa. Si se negara a cubrir gastos posteriores lo tenemos bien amarrado de los huevos y hasta con moñito porque el Hospital tiene la obligación de pasar el reporte al Ministerio Público por ser el atropellamiento un delito oficial, nosotros tenemos todo para no sólo confirmar el reporte sino para demandarlo legalmente.

La tomografía y los estudios pertinentes se pudieran realizar en el momento gracias a que mi hermano no había comido nada desde la tarde. La noche fue larga, esperando, pensando mil cosas que pudieron pasar y que estaban por venir.

Como a las 3:30 de la madrugada por fin salió el Doctor con el reporte. Informó en términos generales que todo estaba bien, qué gracias a ese oportuno salto tipo “Matrix” que se aventó, evitó el golpe en seco, que por ello no tuvo fracturas ni lesiones de consecuencia grave qué lamentar, sólo golpes fuertes, uno que otro esguince (y un desacomodo de chichis) que con el tiempo y medicamentos sanarían, que podía seguir haciendo afortunadamente su vida normal. Fue dado de alta en ese mismo momento.

¿Y todo esto para qué?

Bueno, he querido relatar la experiencia a grandes rasgos y nada comparado con lo que realmente vivimos para que sirva como referencia de todo lo que ocasiona la falta de responsabilidad cuando se toma sin control y se maneja bajo la influencia o los efectos del alcohol.

No juzgo el hecho ni el derecho que cada uno tiene para socializar y divertirse con bebidas alcohólicas o embriagantes pues yo también lo hago en ocasiones; tampoco critico el modo personal de cada quien para embrutecerse y olvidar las penas o evadir la realidad. Lo que reclamo es la responsabilidad civil, el civismo que tanta falta le hace a nuestro país para respetar la vida de los demás, ¿es mucho pedir?

Así que por lo pronto 2 cosas:

1. La próxima vez que tomes alcohol con exceso valora si vale la pena pagar tanto por andar haciéndole al valiente o al pendejo y arruinar tu vida o la de los demás que no tienen velo en el entierro, y que si lo tuvieran, entonces sí sería por tu culpa.

2. Al próximo que vea twitteando, posteando, facebookeando o avisando irresponsablemente sobre la ubicación de los alcoholímteros, le retiro cualquier valor o tipo de apreciación personal y con el debido respeto de mierda lo mando a chingar a su putísima madre (que las pobres madres nada tienen que ver aquí pero así se tiene que decir).

Gracias a todos los que intervinieron y ayudaron a que esta situación se resolviera de la mejor manera posible.

 

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Desenfados

 

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“Una de Ángeles”

Ángel de la Independencia / Ciudad de México
Abril 28, 2010
Otras Crónicas y Desenfados

 

Créditos de Texto y Foto:

Guacamole Project | Carlos García » Twitter » Facebook » MySpace

 

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