2a Oportunidad

Carta de agradecimiento
Escrita en marzo de 2008

 

¡Hola de nuevo a todos!

Como muchos saben estuve varios días guardado en el hospital. Hace semana y media me dieron de alta y he estado en casa recuperando un poco la fuerza y el ánimo, motivos por los que no me había presentado antes.

Ahora que ya me siento mejor y con muchas ganas de hacer vida normal me gustaría explicar con más detalle qué fue lo que me pasó, esperando que mi experiencia sirva a otros para evitar una situación similar…

Inicialmente entré al quirófano por una cirugía de garganta y nariz, necesaria para abrir el paso de aire y poder oxigenar mi cuerpo correctamente, no al 20% como se me venía dando sin saber desde hace varios años, de ahí mi cansancio excesivo y la necesidad de dormir más de lo habitual, entre otras cosas.

Bueno, pues la operación fue un éxito, el doctor comentó que se logró más de lo que se tenía previsto y que mi paso de aire se amplió hasta tres veces. Lo que me hicieron no fue cosa fácil, no recuerdo bien el nombre porque parece trabalenguas pero me ampliaron el paladar, me quitaron la úvula o campanilla, también quedaron fuera las amígdalas, eliminaron algunos tejidos de lengua, me enderezaron el tabique de la nariz que lo traía un poco chueco y me redujeron los cornetes, que por el tamaño original en vez de filtrar el aire lo bloqueaban.

En fin, terminé con 13 puntadas en la garganta. El médico me recetó Ketorolaco para el dolor; las indicaciones fueron tomar una pastilla sublingual cada 8 horas y sólo si el dolor era muy intenso tomarla a las 6 horas. Al principio todo iba normal pero a partir del tercer o cuarto día el dolor volvía muy muy rápido; era tan fuerte e insoportable que yo mismo decidí tomar la pastilla cada 4 horas, tiempo promedio en que me regresaba el indescriptible dolor…

Obviamente, al reducir el tiempo de ingestión de la pastilla provoqué una sobredosis. Los efectos secundarios no se hicieron esperar: baja presión, somnolencia, palidez, pérdida de apetito, mareos, debilidad en exceso, y lo peor de todo, sangrado por evacuación [aunque yo pensaba que la evacuación oscura era por restos de sangre de la operación]…

Al décimo día después de la cirugía ocurrió el primer desmayo, ¡vaya ranazo que me acomodé! [afortunadamente recobré el conocimiento antes de que mi cabeza se estrellara contra el piso], a las pocas horas se dio el segundo desmayo, incluidos desvaríos y alucines, esta vez me llevaron con el doctor para estabilizar mis signos vitales que andaban muy por debajo de los niveles normales… Todavía no sabíamos que me estaba desangrando.

Dos días más estuve presentando los efectos secundarios hasta que me convulsioné en brazos de mi hermano mientras me ayudaba a pararme de la cama. Con ayuda de vecinos trataron de reanimarme pero yo ya estaba tan mal que no respondía, así que llamaron a Emergencias; una ambulancia me recogió a los pocos minutos y acabé en el hospital cerca de la media noche. Después de que me transfundieron dos paquetes de sangre y hasta que estuve con sueros y mangueritas fue que recobré el conocimiento.

En Urgencias me tuvieron 24 horas, después me mandaron a Medicina Interna para ponerme en observación e investigar por qué recaía y cuál era mi problema. Uno de los inconvenientes que tuve fue que todo esto ocurrió durante el puente y las vacaciones de Semana Santa, así que tuve que esperar a que se “regularizaran” los servicios para que me dieran el seguimiento adecuado…

Por fin, después de un largo puente vacacional, me hicieron una endoscopia y fue hasta entonces que me detectaron una “úlcera duodenal con hemorragia remitida por ligadura de vaso sangrante” (así dice la hoja de alta del hospital)… Mientras estuve en Medicina Interna recibí otras 3 o 4 transfusiones, mismas que se iban cada vez que hacía del baño.

En cuanto supieron el resultado de la endoscopia me trasladaron a Terapia Intensiva, se necesitaba frenar la hemorragia cuanto antes. Por la noche ya me estaban instalando un segundo catéter (segundo porque el primero tenía una fuga y me lo quitaron, utilizando varios periféricos en el inter, me picotearon a su gusto)…

A la mañana siguiente, apenas dando tiempo a que mi familia se enterara, decidieron meterme al quirófano para abrir panza y cerrar ese vaso sangrante que provocaba la hemorragia; aunque había un pequeño gran problema, yo sólo tenía 2 puntos de hemoglobina y eso me tenía-ponía en alto riesgo (un ser humano normal funciona con 12 a 14 puntos de hemoglobina, llegar a 2 puntos fue de verdad “extreme”), además mi piel ya no tenía color, me veía entre blanco a transparente; estaba hinchado por retención de líquidos; presión baja y otros desperfectos… Bueno, pues bajo esas condiciones decidieron operarme, no tenía más opción, era así o me seguía desangrando… ¡A la plancha!

Esta fue la parte más ruda, difícil, peligrosa y emotiva para mi… Yo sabía que cerraría los ojos en cuanto la anestesia hiciera lo suyo, pero por mis condiciones no sabía si los volvería a abrir, no tuve miedo pero sí la duda… Mientras me preparaban yo le daba gracias a mi Dios, a mi familia, a la tribu y a todo el mundo que se atravesó en mi camino (como supongo suele hacer la mayoría en estos casos) pero recuerdo muy bien que en el último instante, antes de quedar anestesiado, pensé dos cosas que me animaron, que quería volver a despertar para realizar un viaje que tenía pendiente para el verano : ) y que quería volver a tomar agua fresca de sandía. No supe más de mi.

Tal vez 5 o 6 horas pasaron hasta que volví a abrir los ojos, cuatro doctores al pie de la cama sonreían y se miraban entre sí. Lo primero que dije fue: “estoy vivo” y también sonreí como pude; sin pensarlo di gracias otra vez (como supongo suele hacer la mayoría en estos casos); ya estaba de vuelta en Terapia Intensiva. Los doctores y todos los involucrados sabíamos que lo que había sucedido conmigo esa tarde del 20 de marzo fue prácticamente un milagro, sin exagerar… 5 días más estuve en observación sin poder moverme por la herida, en ayuno y sin un sólo trago de agua; otras 3 o 4 transfusiones me fueron aplicadas. En cuanto logré estabilidad me mandaron al piso de cirugías para empezar con el proceso de recuperación, 3 o 4 días más en cama y creo que 2 o 3 transfusiones más.

Cuando mi estado mejoró y cuando vieron que ya estaba fuera de peligro los doctores me comentaron que no se explicaban cómo es que con los niveles tan bajos de hemoglobina, presión y demás yo estuviera consciente, cuerdo, con “fuerza” y disposición, que no era normal…

Al principio, cuando ingresé a Terapia Intensiva, uno de los doctores con tono seco y no muy amigable me dijo: “No entiendo por qué estás aquí si no estás tan grave, quiero decir, sí estás grave pero tus reacciones no corresponden a la gravedad del caso, no entiendo pero ya estás aquí y te vamos a atender”… En ese momento me molestó mucho su comentario, ¿cómo podía decir eso si me estaba vaciando y quedando sin vida por una hemorragia?, pero después de un rato comprendí el verdadero significado de sus palabras…

Mi cuerpo era el que estaba sufriendo las consecuencias de esa hemorragia, pero mi mente y mi espíritu siempre se mantuvieron fuertes, ecuánimes, soñando, con deseos, ilusiones e ideas… Siempre deseando… Fue así como pude mantener el equilibrio y la cordura ante las situaciones más adversas… Aunque yo solo no lo hubiera podido lograr…

Quiero agradecer a todos por los buenos deseos, por las peticiones y las oraciones, por las llamadas, los correos, las palabras de aliento y las visitas. Un agradecimiento especial a los que donaron sangre y a los que fueron pero no pudieron donar, sin ustedes no me hubieran dejado salir del hospital, tenía que cubrir la cuota : ) … Gracias por las fotos dedicadas, por los recuerdos, por las invitaciones y por los cuentos contados, por los los besos, los abrazos, por las lágrimas y por todo lo que me mantuvo despierto, emocionado, fuerte y con ganas de seguir…

Me dieron una segunda oportunidad y la pienso aprovechar, muchas cosas cambiaré, otras las eliminaré o las conservaré, pero por ahora estaré un buen rato en la esquina del ring fortaleciendo músculos y ánimos, unos cuantos escupitajos a la cubeta, planeando… Esperando ansiosamente a que vuelva a sonar la campana para iniciar mi segundo round.

¡Estoy de vuelta!, y que valga decir ahora…

¡Gracias totales!

 

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Créditos de Texto y Foto:

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